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La figura del Entrenador de Atletismo en la actualidad

Publicado el 10 de noviembre de 2011

…..Cantabria no se libra de todo ello…

Por JL Llorente

EntraineurAhora que la nueva temporada atlética empieza a aflorar y cuando el “running” y las carreras populares pasan por estar en uno de sus máximos esplendores en nuestro país, también en nuestra región, a la vez que el atletismo federado y más competitivo no discurre por floridos momentos, conviene hacer hincapié en una figura de todo este conglomerado atlético, muchas veces denostada y rehuida, que sin embargo se hace cada vez más necesaria:

El Entrenador de Atletismo


Se tiene constancia a través de documentos que ya en el siglo XIX se pretenden dar los primeros pasos hacia un enfoque del entrenamiento estructurado, muy rudimentario, eso si, donde se dan unas pautas para rendir mejor en las diferentes competiciones profesionales que tienen lugar durante esos años. Son pequeños apuntes un poco caóticos y basados en diferentes experiencias de atletas de la época, principalmente ingleses.

Paavo_NurmiYa Paavo Nurmi, atleta finlandés  que consiguió 12 medallas olímpicas entre Amberes 1920, París 1924 y Amsterdam 1928, contaba con un entrenador de su país, Lauri Pihkala, que representaba a una de las escuelas de entrenadores más importantes que ha habido como es la escuela finlandesa. Junto con el entrenador Polaco Janusz Kusocinski, Pihkala fue el precursor del entrenamiento fraccionado dando las primeras pinceladas de este tipo de preparación, posteriormente desarrollado por la escuela de entrenadores de Estados Unidos y que con el Interval Training de la escuela alemana de Friburgo hoy en día son parte importante del entrenamiento de cualquier atleta del mundo, sea cual sea su nivel.

Otro ejemplo de la controversia que siempre ha existido con los entrenadores es el histórico atleta checo Emil Zatopek, “La Locomotora humana”, atleta que consiguió en los Juegos Olímpicos de Helsinki 1952 una de las mayores proezas históricas del atletismo, como fue conseguir la medalla de oro en los 5000 metros, 10.000 metros y Maratón, impensable hoy en día, sobre todo por la distribución de horarios y eliminatorias que existen en la competición olímpica, si bien es verdad que cada día somos muchos los que pensamos que en el continente africano debe de existir alguien con la capacidad suficiente para repetir esa experiencia.

zatopekZatopek, si bien estuvo asesorado en muchas ocasiones por entrenadores de su país, era muy anárquico en sus entrenamientos y se autoentrenó en multitud de momentos de su vida. En el año 1954 llegó incluso a completar dos sesiones al día, realizando por la mañana 50 cuatrocientos (20 km) y otros 50 cuatrocientos por la tarde (otros 20 Km), entreno impensable de llevar a cabo hoy en día. Y realizando ese entreno, efectivamente, batió el record del mundo de 5000 metros (13:57:2), pero la pregunta que debemos hacernos es ¿Qué marca hubiese conseguido si en vez de llevar a cabo esas brutales palizas autodidactas y anárquicas hubiese estado dirigido y conducido por un entrenador?. Nunca lo sabremos, pero debemos deducir que el resultado, viendo las facultades del atleta, hubiese sido mucho mejor.

En España y en Cantabria también hemos tenido ejemplos de atletas rebeldes” y que se salían muchas veces de la línea establecida por su entrenador, llevando a cabo una preparación caótica y desestructurada, que traía como consecuencia enormes decepciones deportivas, lesiones graves y la finalización prematura de su carrera atlética. Cuantos talentos se han ido al limbo por la falta de confianza en su preparador y los malos consejos recibidos por personal interesado que “pululaba” a su alrededor.

Sirva esto como una pequeña pincelada de que la figura del entrenador siempre ha estado en la discusión del mundo atlético, con la existencia de diferentes escuelas y las diferencias sobre la necesidad o no de disponer de su concurso.

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La reflexión que vamos a realizar a continuación está basada en experiencias personales vividas por entrenadores, atletas y clubes que durante años han visto al entrenador, en muchas ocasiones, como un mal necesario. A veces impuesto, otras veces integrado en una  estructura donde esa “pata del banco” era la más floja de las cuatro. Poco a poco la dinámica ha ido evolucionando con el paso del tiempo hacia una visión más abierta y profesional, donde se ha exigido la presencia de un “preparador atlético” instruido, educado y especializado, encaminado hacia la enseñanza atlética en cada una de sus modalidades.

Es un hecho constatable que el atletismo tradicional en España se encuentra en crisis, también en Cantabria, a pesar de haber subido en el escalafón de Federaciones Autonómicas Españolas desde hace unos años y la enorme presencia, no sabemos si deseable, de un número de clubes excesivo (quizás eso necesite un análisis más a fondo en el futuro), habiendo sufrido un retroceso considerable en los últimos años, tanto en el número de practicantes como en el nivel de marcas conseguidas, siendo el futuro muy oscuro.  El número de niños que practican atletismo ha ido disminuyendo progresivamente, y a partir del periodo crítico de los 14-15 años la sangría es aún mayor. A todos los niveles el futuro es muy poco halagüeño, incluso en especialidades como el fondo, que en tiempos no excesivamente lejanos contaba en este país y en esta región con una calidad y prestigio envidiables. Punto y a parte son las especialidades de saltos y más concretamente los lanzamientos, donde España nunca se ha distinguido, desgraciadamente, ni por calidad, ni por cantidad de practicantes.

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No debemos de olvidar y tener como referencia,  que otros países siempre han tenido más tradición atlética. Muy cerca tenemos a Francia, Alemania, Holanda y otros países de nuestro entorno europeo, donde quizás la calidad, salvo excepciones muy considerables, principalmente en lanzamientos y velocidad, no ha sido muy diferente a la española, pero lo que sí han tenido y siguen conservando es la gran cantidad de personas que practican atletismo, empezando desde las categorías menores hasta llegar a los veteranos. Es esta la categoría que en nuestro país está empezando a aportar un tanto por ciento muy elevado del personal que practica lo que alguien ha denominado, con mucho acierto, EL ARTE DE CORRER”. Punto y aparte son Estados Unidos y Canadá e incluso Australia, donde la práctica deportiva, y especialmente el atletismo, se encuentra totalmente integrado en su formación académica desde edades tempranas y tiempos inmemoriales, y no como aquí donde la educación física  siempre ha sido una “María” y los profesores nunca han sido visto como tales.

Y muchos pueden pensar, si esos países tienen tanta gente practicando atletismo sin, teóricamente, ayuda de “asesores” (entrenadores) pues ¿Porqué aquí no es posible tenerlos también?. La respuesta que podemos dar resulta fácil, y todos aquellos que hayan tenido la posibilidad de salir a correr a otros países lo podrán comprobar.

Se participa en pruebas sin afán competitivo, por supuesto que hay quien intenta ganar, batir su marca o mejorar su rendimiento, pero la gran mayoría lo hace por puro y mero placer. El número de participantes en las competiciones no es la prioridad para mantener la carrera en el calendario, ni tampoco lo es el nivel atlético de sus participantes. Sin embargo en España cada vez más ocurre todo lo contrario.

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Como hemos dicho con anterioridad esa falta de asesores es tan sólo teórica. Bien es verdad que en todos esos países la figura del entrenador, incluso para atletas populares, ha sido tenida en cuenta cada vez más. Muchos son los clubes o equipos que lo primero que intentan conseguir para su organización es un técnico cualificado y que pueda canalizar el entrenamiento y aconsejar de forma metódica y acorde con el nivel de la persona, la preparación de sus socios o miembros. Si la referencia la trasladamos a los  atletas de Categorías Menores, la importancia del entrenador aumenta exponencialmente. La conclusión que se desprende de ello es que con un mayor número de practicantes de atletismo, bien asesorados por preparadores cualificados y por pura estadística, los resultados a niveles superiores han de ser mayores que el de aquellos países que no cuentan con ese nivel de participación deportiva, y lo confían todo al libre albedrío y a la madre naturaleza.

Son muchos los que no quieren ver este problema en España y se refugian en triunfos muy puntuales, repetitivos y fruto de una calidad y un talento concreto, siempre importantes, pero no por la existencia de un atletismo fuerte en nuestro país. Algunos incluso han llegado a un alto nivel autoentrenándose, muy pocos, eso sí, y casi siempre fruto de una relación previa con un entrenador, que se rompe generalmente no por problemas deportivos o de preparación, sino por relaciones caóticas y de desconfianza en otros aspectos.

Si todo lo expuesto es grave y triste para el atletismo, mucho más lo es para el colectivo de entrenadores.

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Salvo muy raras excepciones, a veces mal interpretadas por algunos (donde un solo entrenador acapara la mayoría de atletas incluso de distintas especialidades), el entrenador siempre ha sido una figura secundaria, a pesar de su innegable y necesaria importancia, a la sombra de managers, médicos, padres, directivos de clubes o asesores interesados que merodean alrededor del atleta. La confianza ha de ser la base de la relación atleta-entrenador, pero asimismo ha de ser bidireccional, y no sólo marcada en una dirección.

Cantabria no se libra de todo ello…


y claros ejemplos de una y otra cosa hemos tenido, tenemos y desgraciadamente seguiremos padeciendo. Contamos con buenos entrenadores (cada vez más chicas), preparados y dispuestos a introducirse en este difícil mundo, endogámico en muchos casos, donde abrir las puertas de entrada no siempre resulta fácil. Atrás van quedando los tiempos de un absolutismo increíble donde querer participar del fin para el que muchos se habían preparado resultaba caótico e imposible. Afortunadamente ha ido cambiando la dinámica, y con el ocaso del ciclo de muchos atletas, las nuevas figuras que van surgiendo, e incluso algunas más veteranas, ven en los nuevos preparadores expectativas de futuro deportivo.

Pocos han sido, y son, los que se pueden dedicar profesionalmente a entrenar, debiendo enfocar sus horas libres, con sumo gusto y satisfacción, a entrenar a sus atletas. Únicamente un amor a este deporte, una vocación por intentar enseñar sus conocimientos y experiencias atléticas, en algunos casos, ha hecho que multitud de entrenadores sigan manteniendo la ilusión, a pesar de que pasan horas con los atletas en los diferentes lugares de entrenamiento, de competición, etc. y en la mayoría de los casos recompensados con nada o cantidades económicas insignificantes por parte de los clubes, ayuntamientos o federaciones.

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Podría haber sido el impulso que ha supuesto el atletismo popular, un punto de inflexión en las posibilidades de los entrenadores para encontrar un campo profesional y remunerado adecuadamente como asesores de los cientos de corredores que se han lanzado a las calles buscando mejorar su forma física, su salud o incluso sus marcas, pero lejos de ello la figura del entrenador ha calado de forma mínima y sigue, desgraciadamente, haciéndolo (y no sólo en los atletas populares, todavía existen clubes y escuelas deportivas donde la falta de técnicos adecuados sigue existiendo), absorbiendo el protagonismo que deberían de tener los entrenadores: webs, foros de Internet, revistas o comportamientos autodidactas e incluso los ya mencionados “asesores” interesados y casi siempre equivocados (numerosos ejemplos podemos tener en mente), engañados por la aparente simpleza de este deporte“. Hemos de recordar que si es importante la presencia de un técnico en las pruebas de fondo y medio fondo, que vamos a decir de la velocidad, las vallas o los lanzamientos, donde su figura se agranda enormemente.

Pero no sólo la culpa es achacable a la situación del atletismo o al trato del resto del colectivo que lo forma. Hay que reconocer que gran parte de esa culpa es achacable a la actitud de los propios entrenadores que se han infravalorado, que poco o nada han hecho por reivindicar su trabajo, despreciando el más mínimo corporativismo que ha privado a este colectivo de una fuerza necesaria para hacerse oír. Muchos de los entrenadores de la nueva hornada, instruidos en los numerosos cursos de Monitores y Entrenadores Nacionales, impulsados en muchos casos por la Escuela Nacional de Entrenadores, intentan cambiar esa dinámica, aunque la tarea sea ardua y dura, luchando contra las reminiscencias atávicas. Todo ello permite que cualquiera, incluso sin ninguna titulación o conocimientos adecuados, se pueda considerar entrenador. No hay que negar que existen ex-atletas con muchísima experiencia, con grandes conocimientos y aptitudes, que no actitudes, pero ser entrenador es mucho más que haber estado compitiendo muchos años. Es cierto, y algún ejemplo se nos viene a la mente, el cual no voy a nombrar, ya que dejaría muy mal a muchos entrenadores de esta región, que existen personas cercanas al mundo atlético sin titulación, pero con unos conocimientos y un afán de saber y empaparse de conceptos técnicos que para sí quisieran muchos preparadores titulados.

atlSería deseable que el corredor o practicante popular, los clubes, ayuntamientos, escuelas deportivas y por supuesto el que se quisiera dedicar más en profundidad a este enorme deporte, en cualquiera de sus especialidades, comenzasen a considerar la posibilidad de pensar en la figura del entrenador como un asesor necesario en una actividad que, aunque a priori parece fácil, no está exenta de dificultades que podrían salvarse únicamente con una buena dirección y buenos consejos de un entrenador con conocimientos y experiencia. En Cantabria contamos con varios, seguramente no los suficientes, cualificados y especializados, capaces de orientar el futuro atlético de nuestra región por cauces adecuados. Bien es cierto que primero habrá que ir cambiando algunas tendencias y renovar a ciertas figuras, estancadas en tiempos pasados, y que muy pronto aportarán muy poco al estamento de entrenadores de esta región, suponiendo que alguna vez lo hayan hecho.

Como muchos han dicho y el Entrenador Nacional Jesús Castelló del Río ha resaltado en multitud de ocasiones y con el que compartimos y hacemos nuestros muchos de los comentarios escritos en sus artículos, algunos de los cuales hemos utilizado en esta reflexión: “ES IMPENSABLE QUE SE CONSIGAN BUENOS ATLETAS SIN BUENOS TECNICOS QUE LOS ENTRENEN

JL.LLORENTE.

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1 Comentarios en esta noticia

  1. poli58 Says:

    Hola lo malo que en esta comunidad el deporte base del atletismo no les interesa a los organismos oficiales porque los políticos dicen no al botellón y luego hacen lo contrario no dan oportunidad para hacer deporte porque todo son recortes y como yo entiendo que se supone el deporte es cultura pero en este país no es así una pena.
    En cuanto al artículo está bien pero discrepo en lo de los entrenadores muchos entrenadores con título nacional no tienen ni idea de entrenar porque muchos de ellos solo por sacarse un título se creen que saben entrenar pero yo creo que más vale saber de practica más que de teoría la teoría está bien pero para la práctica del atletismo si no sabes enseñar a los atletas por ejemplo a pasar vallas.
    Mal entrenador es muchos entrenadores son entrenadores como yo digo solo de libro así nos va en esta región.

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